Los gastos fiscales
se deben dirigir a proyectos rentables
Indica que si se reduce el gasto,
como recomienda el Cebec, caerá la cantidad de bienes y servicios que se
transan en el país, lo que causará mayor caída del PIB.
Los gastos fiscales se deben
dirigir a proyectos rentablesLa moneda boliviana se apreció en el último
tiempo.
Alberto Bonadona Cossío

La política económica en esta coyuntura debe
ser objeto de reflexión, análisis y decisiones rápidas que, a la vez que
prudentes, eviten alarmar a la población y no
generen falsas expectativas. Se tienen condiciones que todavía permiten
remediar algunas ausencias en la política heredada del anterior Gobierno para
esforzarse por mantener la necesaria estabilidad.
También es recomendable evitar
algunas estimaciones algo exageradas como la que hace el Centro Boliviano de
Economía (Cebec) dependiente de la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y
Turismo de Santa Cruz (Cainco) en un reciente informe que habla de “descontrol”
en el déficit fiscal y recomienda que se deben
realizar acciones para reducir el “peligroso” déficit que ellos calculan
en 9% del PIB para 2019 (en mi criterio, sobreestimado).
La sabiduría popular toma el
fácil ejemplo de que la economía nacional es equivalente a la de una familia. A
veces puede ser útil tal comparación pero las diferencias, particularmente, en
la política monetaria, la del gasto y la del presupuesto son abismalmente
diferentes. Una familia no tiene la posibilidad de crear dinero; en consecuencia, no tiene la posibilidad de
obtener señoreaje, y su lógica no es la “lógica del tendero” en la que los
gastos no deben ser superiores a los ingresos. El manejo macroeconómico no
funciona así. El “Gasto del Gobierno” es un componente fundamental de la
demanda agregada (tanto el gasto corriente, como el de capital) y, por lo
tanto, del efecto multiplicador (otra relevante diferencia con la economía
familiar) que genera impulsos adicionales a la economía en su conjunto. Si se
reduce el gasto, como recomienda el Cebec, la demanda agregada caerá (la
cantidad de bienes y servicios que se transan en el país) lo que significará un
mayor hundimiento de la tasa de crecimiento del PIB y las respectivas
consecuencias en el nivel de empleo formal.
Desde 2014, los ingresos por
hidrocarburos han descendido. De precios que superaban los 100 dólares/barril descendieron a menos de
26 (febrero de 2016). En los últimos años los volúmenes también han descendido
(Brasil y Argentina compran menos). Frente a esta situación, Bolivia tenía dos
opciones: adecuar el gasto público a los niveles de ingreso o expandir el gasto
para mantener la tasa de crecimiento. Afortunadamente, el país eligió el
segundo camino y debe seguir eligiéndolo. A la vez que se impulsen las
exportaciones, particularmente las agroindustriales, hay que generar incentivos
para mejorar la agricultura de occidente para que también contribuya a
incrementar las exportaciones en un mediano plazo. No obstante, no se puede
prescindir del hecho de que Bolivia mantuvo un crecimiento superior al 4% desde
2014 en gran medida gracias a la orientación expansiva de la política fiscal.
El déficit fiscal no es la gran
amenaza para la estabilidad mientras se tengan bajos niveles de inflación.
¿Significa esto que el déficit fiscal debe crecer indefinidamente? De ninguna
manera, pero este no es el momento de terminar la tinta en su disminución. Se
debe comprender que cortar el gasto no es el único camino (como recomienda el
Cebec con connotaciones alarmistas). Corresponde aumentar los ingresos fiscales
con un mayor crecimiento del producto.
Para ello es esencial orientar las inversiones públicas hacia sectores
productivos que tengan altos rendimientos. Esto quiere decir que las revisiones
de los proyectos mal ejecutados por el MAS deben cerrarse o enmendarlos con una
búsqueda de aumentar la productividad de los mismos. El déficit fiscal se
origina principalmente en el gasto en capital (inversión pública) y no así en
el gasto corriente (sueldos y salarios públicos principalmente). Los gastos en
capital han sido prioritarios desde antes de
que el MAS llegue al Gobierno. La gran preocupación debe ser que estos
se dirijan a proyectos con réditos económicos y sociales acompañados de una
incesante búsqueda de eficiencia en sus resultados. No se vaya a caer en la
austeridad que recomienda el FMI, lo que no quiere decir que no se tenga la
debida sobriedad y frugalidad al evitar los gastos discrecionales y de
ostentación que caracterizaron al anterior Gobierno.
Alberto Bonadona Cossío es
economista.
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